Conocí a Lady Moon en una noche de verano, es extraño porque no recuerdo el día en que la vi por primera vez, lo que sí sé es que era verano por el lugar donde me encontraba, ¿había sufrido un bloqueo repentino al verla por primera vez, o es que me había hipnotizado?

 

Allí estaba ella, brillando en la oscuridad de la noche, fundiéndose su luz con el mar, jamás había visto nada igual, el brillo que desprendía su mirada me recordaba a una estrella que había bajado del cielo para quedarse. Era pura, delicada, transparente, profunda, intensa como un riachuelo en su estado más puro que nace de las montañas y llega a la profundidad del océano.

 

De repente el amanecer se posaba sobre nosotros, no había pasado ni un minuto, el tiempo no seguía el curso normal de las agujas del reloj, todo era atemporal, la brisa seguía salpicando en su rostro.

 

Algo sorprendente estaba ocurriendo, Lady Moon estaba distinta pero igual de esplendorosa, sin embargo, las tonalidades de colores que habitaban en su cuerpo se mostraban de otra manera, como gemas encantadoras, como piedras preciosas de diversos colores, creando una armonía perfecta, realmente era como si la Luna la pintara por la noche, respetando al llegar el día al Sol, para que éste reinara resplandeciente.

 

Desde el momento en que supe de mi Lady Moon, mi vida cambió para siempre. En la noche, su busto y cara se impregnaban de reflejos del mar... ¿Sería la Luna en el cuerpo de una dama? ¿La Diosa de los Mares, tal vez?

 

Estaba claro que ella procedía de la fuerza de la naturaleza, aunaba la sensualidad de la noche con la inmensa claridad del amanecer. Intensa de vida, como un conjunto de piedras preciosas, como rubíes y más diamantes que lanzaban al viento buenas vibraciones e irradiaban paz, delicadeza, calma interior y frescura, imán de buenas vibraciones, un contagio de positividad sin fin, imposible de imitar.

Lady Moon, me hablaba y me decía constantemente: - déjame salir de aquí, sácala, sácame- pero yo era incapaz de comprender y pronunciar ni una sola palabra... No entendía nada, pero todo me parecía muy agradable con un punto un tanto gracioso. Era una seductora nata y me había conquistado también por su mirada, que dibujaba su maravillosa personalidad, esa belleza tan natural y personal que salía de lo más profundo de su ser.

 

Se convirtió en mi amuleto de la suerte, sin saber por qué me desnudé ante ella, por fin me sentía libre y podía mostrarme ante el mundo como siempre había deseado, ya formaba parte de mí, éramos inseparables.

 

Caminando junto a ella descubrí lo mejor de mí. En cada momento, en cada situación, me sentía invencible, mis pasos eran firmes, seguros, por fin nadie podía apagar mi luz como en un pasado ya muy lejano.

 

Ahora no tenía sólo a mi perro Delito, fiel amigo de batallas, sino a Lady Moon, me había enamorado de ella, de su esencia cubierta de magia, pero también sentía que se había convertido en mi mejor amiga, mi más leal confidente.

 

En un momento la perdí de vista y DESPERTÉ...No podía ser verdad, ahora todo encajaba como un canto al unísono, había sido un sueño que pintaba el retrato de mí misma, la mejor fantasía de mi vida que iba a transformase en realidad.

 

Ya no necesitaba convencerme de quién soy y grité sin miedo y a los cuatro vientos: - “déjame salir de aquí”, saca a la Lady Moon que llevas dentro.

Mujer pasional, imparable, fuerte, invencible como un diamante en bruto, brillando en la noche y en el día.

The End

 

Atrapa la buena suerte con Lady Moon porque forma parte de ti, siéntete invencible, en el día o en la noche, brilla como te mereces este verano.

Gracias a:

Redactora creativa Marta Hernández

Joyas Delphine Tempels

Fotos artísticas con Modelo Eric Ceccarini

Fotos producto Aïda Mateï

Modelo Thao Nguyen

Maquillaje Giusi Ferrato

Grafismo Véroniaue Wéry

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